
Son doce horas que se hacen realidad, que se marchan tras la tristeza desesperada que provoca el silencio de una mañana sin mar; una silueta vacía de sombras que dibuja el sol, en medio del regreso de las estrellas que no pueden cumplir deseos.
Mientras tanto, trato de esconder algunas palabras en el vacío de una habitación, colgando en sus paredes las frases que no tienen sentido, pero que beben de su propia libertad, soñando con poder soñar, en medio de un otoño que golpea el cuerpo enfurecido de la hierba. Imaginando que esta vida es un sueño
Principito
Desde mi Principado para el Mundo
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