miércoles, 26 de agosto de 2009

El Jardín de la Luna

Y de pronto sube una ráfaga de viento por la espalda, en medio del hilarante camino que se vuelve misterioso y que nos mira con un rostro desafiante cargado de ansiedad, como quien trata de contener a las tenues luces de una majestuosidad editada por reportes y ensayos de imágenes que van quedando atrás.

Tras las flores marchitas, se esconde la nada, como parte de un adiós perfecto, que se perdió en el jardín de la luna, sembrado por nadie y cosechado por alguien que, tarde en tarde, vuelve a despertar; y crecen como fuente de penas añejas que se alejan de las rutas trazadas por el corazón, el mismo que late refulgente como aquellas doce copas que van danzando al ritmo de un momento fugaz.

Mirando los secretos que se ocultan del mar, la belleza se contempla entre juegos perdidos en los tintes cálidos de la sal, simulando atardeceres, preguntándose, alterándose, mirando volar los ríos al mar y despierta y vuelve y comienza otra vez…
Principito
Desde mi Principado para el Mundo
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