sábado, 23 de mayo de 2009

B.S.O.

Dicen que cada cierto tiempo se edita un disco con las mejores melodías, con las canciones que forman parte de una vida, de los recuerdos, de las historias y de aquellos silencios que le terminaron por ganarle a la razón. Y se van amontonando, como los volúmenes que han marcando el crecimiento y la comprensión del mundo, esos sentimientos que se aparcan en el medio de un adiós y que nos retroceden a la emoción de un tal vez.

Hay veces en que suena inconsistente, en que no hace daño y que se termina olvidando... En un instante, en el fugaz paso incierto que no deja huella; pero hay otras veces en que suena estruendosa, entrometiéndose, opinando... Haciendo su voluntad.

Sin embargo, en la mayoría de los momentos, su volumen es moderado, su tino es preciso, como aquella compañera que va llenando de emocionalidad las mañanas gloriosas, las tardes ocultas y las noches de frío, que marca en sus sones el indetenible paso del tiempo.

Aunque también se aprende a vivir en el lugar de los silencios, en las pausas de la parsimoniosa vida que cruza el jardín, que mira con sospecha hacia el futuro y no quiere sentarse a tomar un café mágico. Dentro de todo, es agradable sentir que detrás de cada melodía que va sonando, nos construye una historia, un sueño oculto que es cómplice de un una vuelta que "vuelve a volver".

Principito
Desde mi principado para el Mundo
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