jueves, 9 de septiembre de 2010

El Bicentenario huele mal...

BicentenarioEs inevitable dejar de hacer referencia a la gran Fiesta del Bicentenario, son 200 años en que -por estos días- el país se ve revolucionado e intenta dejar un precedente para las futuras generaciones, un intento por marcar un hito en la historia nacional y local. Nos encontramos ante la efervescencia de un sentimiento patriota, surgido por el Terremoto del 27 de Febrero que afectó a gran parte del país, el mundial de fútbol al cual no asistía una selección chilena hace 12 años, el derrumbe en la mina San José que dejó atrapados a 33 mineros y que días después aparecieron con vida; matizado por la llegada al poder de la derecha política, que no gobernaba hace 50 años.

No es que sea malo celebrar las fiestas patrias, sino por el contrario, éstas son las oportunidades que "unen" al país, aún más cuando se tiene una connotación tan importante como la antes señalada. El problema que me provoca, se halla por una lado en democratizar las celebraciones y por otro lado entender qué celebra Chile.

Al decir "democratizar las celebraciones", me refiero a crear una instancia de reflexión que vaya más allá de un simple despliegue Comercial y Publicitario (ver publicidad), con el cual hemos sido bombardeados durante los últimos días. En ese sentido los medios de comunicación o Massmedia, han sido fundamentales para inventar y promover "canciones pegasosas" y casi lacrimosas, al más puro estilo de "lo podemos lograr". Nos topamos con una invitación casi obligada a endeudarse con los créditos de consumo, a viajar al extranjero a celebrar... y también a comer, -cómo no mencionar las empanadas de la abuela- los imponentes asados con amigos y familiares, que generan por un ambiente de felicidad debido a los cuatro días festivos . El retorno a las tradiciones culturales como el circo, y una apuesta del teatro con la presentación de la clásica "Pérgola de las Flores", -sí, la misma que dice: "yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad"-, en sintonía con música "endieciochada" que bordea las cumbias de año nuevo.

Sin hacer mención a la bandera de 200 kilos que se instalará frente a la moneda, confeccionada en Estados Unidos -Sí leyó bien, en Chile no tenemos artesanos capacitados-, la famosa "Cápsula Bicentenario", en la que más de alguien incluiría al mismísimo Presidente de la República. Los tazones, las poleras, las tarjetas bip, las parrillas, hasta los remedios vendrán con una leyenda que diga Laboratorios Bicentenario. Mención especial o aparte merece el más importante productor de comida rápida a nivel nacional, los famosos McDonald's, tanta es su consolidación que incluirán junto a sus "cajitas felices" los sandwish bicentenario que llevarán "pebre" en vez de pepinillos -aunque suene a surrealismo- .

2º Entender lo que celebramos significa ser consiente de que el año Concepto de Bicentenario está errado y los 200 años de Fiestas Patrias también. El 18 de septiembre de 1810 se celebra la instauración de la primera junta de gobierno, pero no es hasta 1818 cuando se firma el "Acta de la Independencia" y se pone fin al dominio español con la famosa Batalla de Maipú (revíselo usted mismo en Memoria Chilena). Es importante señalar que se trata de un consenso social y tras doscientos años de historia veo un poco difícil que vaya a cambiar nuestro pensamiento. El Bicentenario huele mal porque circula en mi cabeza una idea, aún más macabra que la anterior, y tiene que ver con que "no existió ó no existe independencia en América".

Muchas de las "colonias" americanas -sí, las mismas que celebran su Bicentenario a lo largo de América-, siguen dependiendo de las grandes potencias extranjeras bajo la conocida teoría de la dependencia, que impulsa el desarrollo de las naciones "tercermundistas" -porque antes habían solo dos mundos Europa y África-, en donde tal vez ya no sea España, la madre patria quien tenga el "Monopolio" o tal vez ya no sean necesariamente "oro y esclavos" lo que se exporta. Lo importante es entender que América sigue subyugada a los intereses económicos del mundo, una idea de "imperalismo"que aún sigue predominando en las construcciones locales del Estado.


En ese sentido es que las celebraciones nos invitan a abrir la mente y ver más allá de cuatro días festivos, eso no significa que no podamos reunirnos y "celebrar", pero dándole un verdadero significado. Nos encontramos frente a una época de cambios provocados por la homogenización del ser y se hace necesaria la creación de una identidad nacional que nos una. Darnos cuenta cuales son los procesos de hibridación, planteados por García-Canclini, son fundamentales para entender nuestro tiempo y vivir de mejor manera la Post-Modernidad.





Principito - Desde mi Principado para el Mundo
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